La noche.
Letras rotuladas sobre muro usando las cenizas recolectadas de los basureros en asentamientos de la periferia del área metropolitana de Monterrey.
Proyecto seleccionado en el Deadline 3, NoAutomatico, Monterrey.
140 x 140 cm.
2018.
Colección del artista.

Video de la rotulación del texto sobre el muro.

"El dibujo que acompaña al texto rotulado en el muro, es una aproximación a los recuerdos de mi infancia. Vivía en un asentamiento ilegal a las afueras del área metropolitana de Monterrey, Nuevo León, México a finales de los setentas. Mi casa era de cartón, lámina y madera, la lluvia se metía por las hendiduras de las endebles paredes. En invierno el insoportable frío, el viento helado siempre encontraba camino al interior. En verano los piquetes de zancudos no te daban tregua al momento de querer conciliar el sueño. No había pavimentación, así que tenías polvaredas o lodazales. No había servicios básicos como luz, gas, agua o drenaje. Nos iluminábamos con velas o lámparas de petróleo, el agua que el municipio nos suministraba por medio de pipas, no era potable. En vez de drenaje, un gran pozo cavado en la tierra nos servía de baño. A escasos metros corría la acequia de aguas negras. No había un sistema de recolección de basura, a unos metros teníamos el tiradero de basura al aire libre. Con el tiempo te acostumbrabas a convivir con los olores que emanaba del basurero y de las decenas de baños de pozo. Durante el día se podía ver correr las ratas sobre los montones de basura y en la noche las podías escuchar rumiando entre los trastes de cocina. A la hora de preparar y degustar los alimentos, se dejaban venir las moscas, había veces que simplemente te fastidiabas de intentar espantarlas con un trapo y lo único que hacías era tratar de comer lo más rápido posible, las infecciones gastrointestinales eran comunes. Así que, para los que vivíamos a escasos metros del tiradero de basura, el fuego era como una bendición celestial. Ver arder aquellos montones de basura, ver aquellas negras columnas de humo elevándose, ver ese cielo carbonizado, era un deleite, era un evento higiénico… catártico. Un evento esperanzador, como si en mi mente infantil e ingenua, dijera: “Mañana va a ser un día mejor”. Orlando Maldonado.

